La Mediación de Seguros como pilar de bienestar social: compra barata vs. consumo inteligente

“En este país tienes que correr todo lo que puedas para mantenerte en el mismo lugar. Si quieres ir a alguna parte, tienes que correr al menos el doble de rápido”. Reina Roja, Alicia en el País de las Maravillas, L. Carrol“En este país tienes que correr todo lo que puedas para mantenerte en el mismo lugar. Si quieres ir a alguna parte, tienes que correr al menos el doble de rápido”. Reina Roja, Alicia en el País de las Maravillas, L. Carrol.

Precisamente esa sensación de urgencia es la que prevalece en una sociedad en cambio permanente. Urgencia por adaptarse a los cambios sociales, empresariales y tecnológicos. Urgencia por ser los primeros. Este hecho es algo que se contradice con algo que comentábamos hace unos días sobre esa palabra que mejor definía el sector asegurador y que no es otra que estabilidad.

Si tomamos un poco de perspectiva sobre las funciones económica y financiera del seguro podemos concluir que favorece al equilibrio del sistema económico minimizando o eliminando los riesgos personales y/o empresariales, por lo que contribuye a mantener la capacidad técnica y productiva de la economía. Desde su función social actúa como un elemento de consolidación del bienestar social, pues procura, de una forma independiente, una natural redistribución de la riqueza a través del pago de las primas, repartiendo entre la comunidad de asegurados las pérdidas de algunos de ellos.

Es aquí donde entran los “nuevos” mecanismos de marketing y la irrupción de Low Cost en el sector seguros, donde determinadas organizaciones eligen como estrategia para competir la oferta de productos (en principio) básicos muy baratos.

El problema de la disrupción de estos competidores en el Seguro viene dada por la propia naturaleza del sector, ya que esta “nueva” creación de posición única y de valor a través del abaratamiento de los costes no es inédita en el seguro sino que nace ideada en otros mercados como son las aerolíneas comerciales, el textil o la alimentación –con su propia identidad y características- y se exporta a otros mercados -en este caso el Seguro- sin tener en cuenta si esta opción desvirtúa o no las verdaderas funciones de los sector.

Es decir, ¿puede mantener la función de consolidación de bienestar social un mercado tan complejo y en el que el valor asistencial es una de las cuestiones más importantes basando su ventaja competitiva en el abaratamiento de costes?

La respuesta está sin duda más que nunca en manos de los consumidores que cada vez tienen un rol más activo en los procesos de compra. Frente a un mensaje agresivo por parte de las compañías Low Cost y al desvanecimiento de la percepción del concepto de calidad unida a la cultura de lo barato por la inercia de los mercados adyacentes de productos tangibles está calando en el usuario la idea de que consumo inteligente es igual a consumo barato.

Por ello el papel del mediador adquiere una relevancia sin precedentes, porque más centrado en la gestión de la calidad como eje del proceso de transformación y adaptación al mercado y a las nuevas tecnologías de la información y comunicación que en las ventas, es un aliado para el cliente al aportar como valor de posición estratégica su asesoramiento profesional e independiente necesaria para ajustar de nuevo un consumo inteligente que, a veces coincidirá con la elección más barata, pero que desde luego tendrá la garantía de que obtendrá un producto personalizado en base a sus necesidades de protección al mejor precio del mercado y sin riesgo de tropezar con el infraseguro.